La sangre en el techo escurría como un baño recién lavado. Hay manchas de sangre en los vidrios, las manos pequeñas de un niño  estuvieron en los cristales de la puerta.

Huele a gritos y a dolor. La neblina dentro de los cuartos huele a homicidio, toda una familia, padre, madre y dos niños, víctimas de su sangre.

La madre engendró su muerte. El padre cargó a su destino; un privilegio que pocos tienen.

Si los padres educamos a nuestros hijos, quiere decir que aquí los jefes de familia se suicidaron.

Un niño de diez años, el más grande de tres hermanos, ató, torturó y finalizó con la vida de toda su familia. De alguna forma tuvo las fuerzas para amontonar los cuerpos en el pequeño jardín de su casa y de alguna forma supo cómo prenderles fuego. Ardieron y el pequeño asesino los miraba profundamente con esos ojos ojerosos y siniestros.

Un vecino, que es taquero reconoce que ese olor no es de animal, marca tres números en su teléfono y corre a la azotea a ver ecristopherl infierno,  escucha el crujir de las llamas y a la distancia ve la mano de un niño de tres años sosteniendo la de su madre mientras a ambos se los traga  el fuego.

Los bomberos apagan el fuego y  los cuerpos incendiados apestan. El verdugo de ocho años observa el trabajo de los paramédicos y policías. Imita el sonido de la sirena de la patrulla. Los policías lo llaman y el pequeño sicópata –como ya se le conoce en la cuadra–se acerca sin problemas, lo toman del hombro y lo sacan de la casa.

Una enfermera lo revisa y comienza a realizarle las preguntas de rutina. ¿Cómo te llamas, en qué año estamos, dónde están tus padres, te duele algo?

Me llamo Ramses, no sé en que año estamos, no me duele nada, jeffthekillerimagenrostro1sólo mis ojos… a mis padres los mató mi vecino el taquero, entró a la casa y mató a todos, los amontonó en el patio y los prendió con gasolina, me salvé porque yo estaba jugando en la escuela… mírenlo, nos observa desde su azotea. 

El taquero se esconde detrás de su tanque de agua al ver que lo señalan. La enfermera le pregunta a Ramses si sabe el nombre de su vecino.

¡Claro que lo sé! Es mi hermano…

Y al final de la frase arrastró una sonrisa cargada de burla…


Gracias por seguirme, leer y compartir.

Otros cuentos

Otras Reseñas

Otras Fotohistorias

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s